Modelo SELVA: cómo trabajamos con el comportamiento y la educación canina
S.E.L.V.A. es el modelo de trabajo desarrollado por Pablo Capra en Escuela Canina Selva para comprender a cada perro y su situación antes de decidir cómo intervenir. Tenemos en cuenta su comportamiento, su estado físico y emocional, el contexto en el que vive y las personas con las que convive para elegir estrategias que tengan sentido en su vida cotidiana.
El nombre S.E.L.V.A. resume cinco dimensiones centrales del modelo: Seguridad, Evaluación, Lectura contextual, Vínculo y Adaptación. Estas dimensiones organizan la forma en que observamos cada situación y nos ayudan a decidir qué necesita atención antes de elegir una intervención.
No partimos de una técnica predeterminada ni aplicamos la misma respuesta ante conductas parecidas. Dos perros que ladran, muerden, evitan, persiguen o tiran de la correa pueden estar atravesando situaciones muy diferentes y necesitar abordajes distintos.
¿Por qué no trabajamos igual con todos los perros?
Porque una conducta por sí sola no explica qué le está pasando a un perro.
Dos perros pueden ladrar frente a otros perros y vivir esa situación de maneras completamente diferentes. Uno puede necesitar aumentar distancia, otro puede estar frustrado porque quiere acercarse y otro puede no contar todavía con recursos suficientes para desenvolverse bien en ese contexto..
Por eso no buscamos solamente que una conducta deje de aparecer. Primero intentamos comprender qué está viviendo ese perro, qué necesita y qué capacidades podemos ayudarlo a desarrollar.
La misma estrategia puede ser útil para uno y no tener sentido para otro.
¿Qué analizamos antes de decidir cómo intervenir?
Antes de decidir qué hacer, observamos al perro dentro de la situación completa.
Nos interesa saber cuándo aparece la dificultad, qué estaba ocurriendo antes, qué sucede después y qué cambia cuando el contexto es diferente. Pero también cómo se encuentra física y emocionalmente, qué experiencias tuvo, qué aprendió hasta ese momento y con qué recursos cuenta para afrontar lo que le está pasando.
La salud forma parte de esa mirada. Dolor, malestar o determinados problemas médicos pueden modificar profundamente la forma en que un perro se comporta y se relaciona con su entorno.
También observamos su vida cotidiana: cuánto puede descansar, explorar, moverse, olfatear, jugar, elegir, alejarse o acercarse y qué oportunidades tiene de hacer actividades propias de su especie.
Y analizamos la relación con sus tutores: cómo se comunican, qué entienden de lo que el perro expresa, cómo responden ante determinadas situaciones y qué posibilidades reales tienen de hacer cambios.
Con toda esa información podemos decidir qué necesita atención primero.
¿Qué lugar ocupan las técnicas dentro del modelo SELVA?
Las técnicas son herramientas, no son el punto de partida.
Según lo que necesite cada perro, podemos trabajar sobre el ambiente, las rutinas, la comunicación con sus tutores, enseñarle nuevas habilidades o utilizar procedimientos específicos como Desensibilización Sistemática y contracondicionamiento.
También puede necesitar más oportunidades para explorar, tomar decisiones, descansar, alejarse de
determinadas situaciones o aprender a desenvolverse con mayor autonomía.
No elegimos una técnica porque esté de moda, porque sea nuestra preferida o porque haya funcionado con otro perro.
Primero intentamos comprender qué necesita ese perro y qué queremos mejorar en su vida. Después decidimos qué herramientas pueden ayudarnos a conseguirlo.
¿Qué recursos no forman parte de nuestra forma de trabajar?
En Escuela Canina Selva no utilizamos dolor, miedo ni intimidación como herramientas para enseñar o modificar el comportamiento.
No usamos collares de ahorque, púas o descarga eléctrica, tirones de correa, correcciones físicas ni procedimientos destinados a intimidar al perro para que deje de hacer algo.
Tampoco explicamos los problemas de comportamiento del perro desde ideas de dominancia, jerarquía o la necesidad de que el perro “sepa quién manda”.
Esto no significa evitar cualquier dificultad ni impedir que un perro aprenda a afrontar situaciones que le resultan complejas. Significa acompañar ese aprendizaje sin recurrir al miedo o al dolor y procurando que pueda desarrollar herramientas propias para desenvolverse cada vez mejor.
¿Cómo sabemos si una intervención está funcionando?
No alcanza con que durante una clase el perro haga lo que esperábamos.
Queremos ver cambios en su vida cotidiana: que pueda desenvolverse mejor en situaciones que antes le resultaban difíciles, recuperarse con mayor facilidad, disponer de más alternativas y necesitar cada vez menos ayuda para resolverlas.
También observamos si puede seguir explorando, comunicándose, tomando decisiones y realizando actividades propias de un perro sin que el objetivo de “controlar una conducta” termine limitando innecesariamente su vida.
Y miramos qué ocurre con sus tutores. Si comprenden mejor lo que su perro comunica, pueden anticiparse a determinadas situaciones, responder
de una manera más clara y tomar decisiones con mayor autonomía, la relación también está cambiando.
Por eso una intervención no se evalúa solamente por cuánto disminuye una conducta. Importa cómo está ese perro, qué capacidades desarrolló y cómo se desenvuelve junto a las personas con las que vive.
¿Cómo se relaciona SELVA con el bienestar y otros marcos de intervención?
El bienestar forma parte de cada decisión dentro del modelo SELVA. Cuando analizamos una intervención, tenemos en cuenta no solo si puede ayudar a producir un cambio, sino también cómo la vive ese perro, qué posibilidades conserva para elegir, explorar, comunicarse y realizar comportamientos propios de su especie.
Este criterio es compatible con principios presentes en marcos como Fear Free, LIMA o LIFE, especialmente en lo relacionado con reducir la coerción, evitar procedimientos innecesariamente aversivos y priorizar intervenciones que sean efectivas sin comprometer el bienestar.
SELVA toma esos aportes como referencias, pero organiza sus decisiones desde su propio modelo: comprender al perro, su contexto, sus necesidades y las posibilidades reales de intervención en su vida cotidiana.
¿Qué papel tienen los tutores dentro del modelo SELVA?
Los tutores son una parte central del proceso porque comparten la vida cotidiana con el perro y sus decisiones influyen en muchas de las situaciones que analizamos.
Por eso trabajamos para que puedan comprender mejor lo que su perro comunica, reconocer qué necesita en distintos momentos y encontrar formas más claras de relacionarse con él.
También buscamos que desarrollen criterios para saber cuándo intervenir, cuándo facilitar una situación, cuándo dar más tiempo y cuándo permitir que el perro encuentre sus propias formas de resolverla.
A medida que esa comprensión mejora, también debería aumentar su autonomía para tomar decisiones en la vida diaria y disminuir la dependencia de indicaciones profesionales.
¿En qué situaciones puede aplicarse el modelo SELVA?
SELVA puede aplicarse a dificultades durante el paseo, miedos, conflictos con personas u otros perros, frustración, impulsividad, demandas excesivas, problemas para permanecer solo o situaciones cotidianas de convivencia.
También puede utilizarse cuando no existe un “problema” concreto, pero queremos ayudar a un perro a desarrollar independencia, capacidades de autogestión, autocontrol, mejores habilidades sociales o más recursos para adaptarse a determinados contextos.
Y puede servir para revisar si su vida cotidiana le ofrece suficientes oportunidades para explorar, moverse, descansar, jugar, relacionarse y realizar comportamientos propios de su especie.
El mismo criterio puede aplicarse en otros ámbitos, como refugios, perros de trabajo o deporte.
Lo que cambia en cada caso es el perro, su contexto, lo que necesita y los objetivos que tiene sentido plantear.
¿Quién desarrolló el modelo SELVA y cómo se utiliza en Escuela Canina Selva?
El modelo S.E.L.V.A. fue desarrollado por Pablo Capra, educador canino y director de Escuela Canina Selva, a partir de más de 25 años de trabajo con perros, tutores y profesionales.
En la escuela lo utilizamos para comprender mejor cada situación, ordenar la información disponible, establecer prioridades y decidir qué tipo de intervención puede ayudar realmente a ese perro y a las personas con las que vive.
SELVA también forma parte de nuestra formación profesional.
Los alumnos aprenden a mirar más allá de la conducta y observan al perro dentro de su contexto, comprenden mejor lo que comunica y piensan qué capacidades necesita desarrollar antes de elegir una técnica.
La idea no es formar profesionales que sepan aplicar muchas herramientas, sino educadores caninos capaces de saber cuándo, por qué y para qué utilizarlas.
¿Qué busca conseguir una intervención dentro del modelo SELVA?
Buscamos que el perro desarrolle mejores capacidades para desenvolverse en su vida cotidiana, regularse frente a situaciones difíciles y encontrar formas más adecuadas de responder sin perder aquello que también necesita para ser perro: explorar, moverse, jugar, olfatear, vincularse, descansar, elegir y participar de su entorno.
Según cada caso, eso puede implicar mejorar sus capacidades de autogestión, ampliar recursos frente a la frustración o el miedo, aprender nuevas habilidades o modificar condiciones del ambiente que hoy le dificultan desenvolverse mejor.
También trabajamos con sus tutores. Queremos que puedan comprender mejor a su perro, reconocer lo que comunica, interpretar con más claridad lo que necesita y aprender formas más efectivas de relacionarse con él en la vida diaria.
Por eso el cambio no se mide solamente por si una conducta aparece menos. Importa también cómo se encuentra ese perro, qué nuevas capacidades desarrolló, cuánto puede hacer por sí mismo y cómo mejora la convivencia y la comunicación con las personas con las que vive.
